La jornada empezó: Ana María Villate estuvo a cargo de presentarnos y, en eso, de dar cuenta de los peculiares enfoques que tenían cada una de nuestras “performances” lectoras. Betty Johnson leyó un ameno texto de alcances científicos. Ximena Feliú, a su vez, dio una clase magistral sobre arte. Llegó el turno de Ana María Prats y el cuento: “La Bruja Berta en Invierno”, en compañía de mi hijo Diego y Alejandro, artistas. ¡Cómo se unían texto, música e imagen! La lectura de Ana María Prats y la banda de música incidental armonizaban, el público acabó por convencerse de las potencialidades que tiene un texto escrito: su musicalización (música), puesta en escena (artes), su reescritura (lenguaje), etc. Al cabo, Ana María Prats y Ximena Feliú reprodujeron un diálogo escalofriante. ¡Se me puso la piel de gallina! Trató del naufragio del Titanic, en específico de por qué el capitán, teniendo aún espacio en su bote salvavidas, no fue a rescatar a los náufragos. Es duro de ver lo egoístas que nos ponemos ante el peligro…
Hecho esto, café de por medio, completamos la jornada de capacitación, haciendo grupos de trabajo, conversando los modelos a implementarse, el papel a tomar la lectura en el proceso formativo. Al vuelo, nos tomamos la Van de regreso. Yo, de luto por mi mamá, llevaba la cabeza un poco abombada, llena de cariñosos recuerdos. Todo había salido bien. El Comité de Bibliotecas del Norteamericano había hecho un trabajo prodigioso. Este grupo, según veo, cumple con creces el objetivo de promover la lectura, todas leen muy bien y se entregan, ¡no se imaginan cuánto he aprendido de Uds.! Íbamos en la Van, la Betty repartió pedazos de chocolate como premio para toda la comitiva.