
Con “La Jugadora de Go” de Shan Sa, me interesó primeramente el título, ya que hace más de 20 años conocí a un singular japonés que era, entre otros menesteres, un eximio profesor de Go. Jiro Maeda se llama. Él me introdujo en este juego milenario, mientras me convertía en jugadora de Go, fui simpatizando con el No, incluso soñé con hacerme artista del teatro No. Ya me veía en los escenarios, aplausos, giras y todo eso. Esto de jugar Go estaba lejos de mi esencia.Pero volvamos a Jiro Maeda. Él, tras cada jugada, me decía con convicción que yo podría ser una gran jugadora. Una vez me comentó que la intuición en este juego hace un papel fundamental, tanto como el análisis más inteligente.

Dejé el Go, (no me arrepiento para nada) y comenzé a descubrir la luz disinta de la literatura japonesa, empezé a leer la obra de Mishima con pasión, descubrí a muchos otros japoneses: Yasunari Kawabata,Yukio Mishima, Kenzaburō Ōe y cada tanto en tanto, entre sushi y sushi, disfruto con algún mentor japonés ya sea contemporáneo o " del año de la pera".
Así tomé el libro, con cierta propiedad y confianza, como una antigua jugadora de Go. Me encontré con una bonita historia, preciosa...con unos ritmos únicos, 92 capítulos brevísimos, cada uno un pétalo, una jugada de Go en una plaza milenaria, la plaza de los mil vientos, la vida misma, amores, sufrimientos, otra jugada...
Esta semana con ambos libros disfruté mucho, mucho. Sorprende la soya literaria del lenguaje oriental, esa misteriosa síntesis. Nada sobra, nada falta.