sábado, 4 de abril de 2009

Almácigo, gran a l m a ! !

Alma-cigo.
En Almácigo: Poemas Inéditos de nuestra Gabriela Mistral, flamantemente editado por Ediciones UC, (2009) ella parece decirnos todavía: “Alma, no te inquietes, sigo aquí.” Almácigo, un acierto de nombre para esta recopilación al cuidado de Luis Vargas Saavedra, tiene alma, Gabriela nutre la nuestra con este regalo que nos tenía guardado en almácigos, o bien, en cofres de hojas amarillas, al resguardo de Doris Atkinson, sobrina y albacea de Doris Dana, ya fallecida y primera albacea de la obra de nuestra poeta mayor. La verdad es que el camino recorrido por estos inéditos me lo imagino escarpado, lleno de dificultades, como un viaje de Simbad u Odiseo, que gracias a Dios finalmente llega a puerto. Su poesía alegra y profundiza, Almácigo es una cosa viva, significativa, revitalizante. Gabriela siempre podrá sorprendernos: Juega pero no lo enredes, así comienza el poema inédito El Ovillo de Lana, Juega pero no lo enredes/ desovíllalo y ovíllalo/ que no quiero el hilo cortado.
Ella siempre podrá sorprendernos.

Por otra parte, Ediciones UC ha cumplido una labor exacta y preciosa, la factura del libro es excepcional, como excepcional, su contenido. Se nota que la realización de Almácigo se hizo con una devoción franciscana, un monumento imbatible para la dulce voz de Gabriela. Una nueva invitación para leerla, una oportunidad para verla iluminarse, lejos ya de la severidad y ejemplaridad con que, después de Neruda, es vista. A Mistral la escuchó más tierna, más hundida en el sentimiento, más cerca que nunca. Su lenguaje suena, resuena; me gusta. Confío en que, leyéndola, siempre encontraré sentido y alimento. Pero lo que más me llamó la atención de esta joya de libro fue: lo mucho que guardan o atesoran las mujeres, servilletas, cartas, cajitas, flores, boletos, recuerdos y más recuerdos.

Estuve trabajando hace 18 años en la Fundación Vicente Huidobro (en Chile), en la organización del archivo del poeta. Pienso, ahora a la distancia haber tenido la posibilidad como bibliotecaria tener todo su caudal de obras manuscritas a la mano. ¡qué suerte tuve!!! En comparación a Gabriela Mistral, él no guardaba con este rigor. Imagínense que Almácigo, con más de cien poemas, es la punta del iceberg de su legado.

Huidobro, dejando poquísimos inéditos, debió tener un muy buen basurero.
Es que a las mujeres nos fascina guardar, nos encanta, guardamos en nuestras carteras de todo, papelitos, tarjetas, boletas, fotos. En carpetas, en cajones, está claro que somos mas cachureras que los hombres…
Gabriela Mistral nos guardó parte de la obra de su vida. Se lo agradezco infinitamente.

¿Ya se prepara una edición de bolsillo de Almácigo, en tanto la actual es una reliquia, una joya de libro?
Nota al margen, la foto publicada “zoom” de Gabriela Mistral como recién salida de la ducha, con retoque digital, no le sienta para nada. Ella era una mujer silvestre, con polvo de la tierra montenegrina del norte, no necesita un retrato con polvos digitales...